viernes, 31 de agosto de 2018

Para pocos. Definiciones y malos entendidos.


Regresaba de Nuevo Chimbote, pues prosigo con la organización de la capacitación “Periodismo que llega sin Violencia”, para darme tiempo a trabajar en mi labor reporteril, cuando me entero – y no por Cesar Quino o una fuente oficial – que la candidata a la alcaldía provincial del Santa Norma Alencastre estaba realizando una conferencia de prensa, (subrayemos “conferencia”) por lo cual me acerco a dicha oficina y me encuentro con una surreal situación: Edwin Azaña, periodista de Radio RSD, estaba entrevistando a Manuel Sarango, periodista de RPP, mientras Gonzalo Horna, periodista de Correo me conmina a preguntar por una “lista”. Me quedé parada por unos minutos dudando si aquello era una pesada broma. Pero no,  resulta que la dichosa lista era real y que más de 10 periodistas quedamos afuera sin poder entrar a la conferencia.

Quedamos afuera, pues mi nombre no estaba en esa lista, por consiguiente, no me dejaron entrar. Sin embargo, mi jefe César Quino sí llegó a estar y sí pudo entrar, cosa que yo no sabía en el momento que dos periodistas me entrevistaron a mí. Recién llego a conocer esto 15 minutos después, cuando el mismo Quino me comunica que sí está adentro. Él y Natalia Ortiz intentaron preguntarle sobre el tema, sin éxito de una respuesta satisfactoria.

Escribo esto, sobre todo para quienes han escuchado la transmisión del programa “La Voz del Pueblo” de hoy, en el cual César Quino se mostró bastante incómodo y tocado por dos términos que los periodistas llegaron a decir, tal vez sin ánimos de tocarlo directamente a él, sin embargo pesa como plomo al saber sobre todo los integrantes de esa lista, excepto los dos mencionados en mi párrafo anterior: “privilegiados” y “sinvergüenzas”, dos palabras que también subrayaremos aquí. Cabe mencionar que Manuel Sarango llamó y salió en vivo a aclarar la intención de sus declaraciones en RSD, lo cual creo cayó bien en él, el cual no tocaría a Quino. Para quienes no lo escucharon, tal vez vuelva a repetirlo hoy a las 10pm en Sin Rodeos.

Debo ser sincera: sí me sentí indispuesta al saber que, como periodista, no podría entrar a una conferencia de prensa, muy aparte que mi propio jefe también estaría en la misma, ya que a veces sucede que nos encontramos en un mismo hecho y yo puedo retirarme a buscar otras notas, cosa que no sucedió aquí. “Privilegiados” Tal vez  quienes estuvimos afuera sentimos que existía cierto privilegio a criterio de Norma Alencastre para quienes no nos encargamos de publicidad, sin embargo, arrastró como ola a los dos periodistas quienes conocemos su carrera profesional, siempre en contra de la corrupción. “…los sinvergüenzas que se dicen periodistas…” reza uno de los textos de un post en Facebook de Reynaldo Manrique, periodista también que hace poco se desempeñaba en RSD, otra palabra un poco desafortunada, considerando a los dos periodistas que sí preguntaron por los de afuera e insistieron. Sé que de él no es la intención de llamar a ninguno de los dos en forma personal con esos términos, puesto que incluso han compartido calle con Ortiz y conmigo, vale decir, pero de todas maneras esos significados han pesado. Dejaré a criterio de los involucrados el desenlace de tal malentendido, pues comprendo a César Quino y comprendo también a Manrique.

Otra palabra que he subrayado en el primer párrafo es “conferencia”. Se supone que una conferencia se llama no solamente para presentar y quedarse mudos para beneplácito de quien organizó la conferencia, se supone que una conferencia de prensa significa que TODA LA PRENSA, (empíricos y académicos, concesionarios y contratados, de todos los medios de comunicación existentes) puede asistir y preguntarle LO QUE QUIERAN y que se considere de interés público. Pero estos supuestos obvios a un asesor de prensa no le pareció, tal vez por la fobia que pudo haber originado en la candidata o sus asesores la pasada experiencia (“en unos meses me prepararé”), o porque tal vez reconocen que los candidatos pueden no ser correctamente elocuentes y prefieren “evitar daños”. Sin embargo, se debe recordar a todos los asesores de prensa que este actuar discriminatorio NO ES LA FORMA, pues crea suspicacias que un candidato NO NECESITA. Está demás decir que este incidente perjudica enormemente a la imagen de la candidata y nos da motivos para pensar en un miedo a responder a los naturales cuestionamientos de toda la prensa. Lección que deberían aprender quienes trabajan como asesores de prensa en diversas instituciones o para todos los candidatos.


jueves, 29 de junio de 2017

Junio

Junio es, para mí, un mes bastante difícil. Este mes significa lidiar con fechas personales bastante importantes en mi vida. A eso, debo sumar que no celebro ninguna fiesta con estruendosa bulla. (cohetones, música estridente, en un espacio con una densidad importante de población - apenas soporto las discotecas repletas - ) Ni siquiera en navidad o año nuevo, en mi hogar, suelo escuchar estruendos a menos de 20 metros de mi casa y a menos de 2 pisos de altura, prefiero una cena y brindis pequeño con las personas que amo, o reunión con música de nuestro agrado con pocas personas a mi alrededor, con las que yo he elegido disfrutar. Es por ello que, quienes me conocen, saben que si voy a lugares con mucha aglomeración de gente y música a altos decibeles muy cerca de mí, significa que la persona que me invitó me importa mucho.

Junio es, desde que llegué a Chimbote, un mes bastante complicado, ya que prefiero pasar estos 30 días con el menor esfuerzo físico y mental posible (sólo lo suficiente para un buen trabajo) y con el mayor silencio y soledad que se me pueda otorgar. Sin embargo, desde el principio, en el sur hasta el final de estos días, este mes significa caos, luz, color, aglomeración, fiesta, música, jolgorio, conciertos, ferias, más aglomeración, una celebración que parece no acabar y que fácilmente se confunde con la algarabía del año nuevo, cosas que no pasaban en Barranca. Cuatro años han pasado desde que pisé suelo chimbotano y aún me es muy difícil integrarme a este tipo de fiesta patronal.

Una fría mañana de un día como este decidí caminar en las playas con el motivo de recordar al protagonista de una de estas fechas importantes, sin pensar en el gélido clima de estar a 0 metros sobre el nivel del mar de Barranca. Partí desde Chorrillos, recorrí Miraflores y empecé a caminar por Puerto Chico, cuando vi a fieles pescadores del pequeño puerto de chalanas llevar a San Pedro hacia una vieja chalana, mientras oraban y cantaban alabanzas, con una modesta banda haciéndoles compañía. Los dueños de los restaurantes aledaños también salieron a reverenciar, mientras conducían el altar hacia una embarcación pescadora a navegar unos metros en el mar. El acto no tuvo un buque, no fue acompañado por ninguna autoridad, ni siquiera una sola distrital, ni obispo, nadie lo transmitió en vivo, no se invitó a periodistas ni invitados de lujo, nadie se tomó selfies ni lejos, ni cerca del anda. Solo eran los pescadores y moradores, una vieja lancha, el padre de la iglesia cercana, cánticos y oraciones de fe, el frío gélido acostumbrado de esas playas y yo, con mis pensamientos particulares de esta fecha. Esa fue la única vez que presencié a San Pedrito navegar por el mar, una de las pocas celebraciones de San Pedro que puedo analogar a estos días personales, justamente por el ambiente íntimo que se vive en su particular celebración, y una de las pocas veces en las que puedo recordar que he sentido fe.

Tal vez, por todo ello, me resulta un poco impactante la forma cómo celebran aquí en Chimbote, en las cuales, a pesar de toda la algarabía y las actividades, siento y veo que se ha perdido un poco esa fe que encontré en Puerto Chico. Por eso, también, no me llama mucho la atención toda la travesía de esta fecha en Chimbote, a la cual una sola vez vi de lejos y nunca he subido a ningún buque, pues coincidentemente en mis trabajos siempre han respetado este feriado. Por eso, también, creo que merecen una disculpa de mi parte, pues aún no logro aprender la importancia de tanta fiesta patronal en las que pareciera que lo que menos importa es el santo patrón, durante unos días en los cuales yo busco soledad y silencio absolutos. Tal vez, el protagonista de esta fecha personal, que hoy duerme aquí en esta ciudad, quiere romper en mí el silencio que yo me impuse, pues tal vez quiere que yo también esté tan alegre como la ciudad a la que él me ha traído, justo este día. Creo que también merece una disculpa este protagonista, pues yo aún no he obedecido.  
Créditos: José Cavalier