miércoles, 5 de diciembre de 2018

NECESIDAD

Hace unos días llegó a mi carpeta de archivados un mensaje que contenía el enlace a un post cuya autora era Genova Cordova. En él, se hace mención a una presunta denuncia de acoso virtual contra un conocido chimbotano en el ámbito cultural, y el cual estuvo, o tal vez sigue estando muy cerca de escolares en los colegios de la provincia. Se trata de Roger Torres Velásquez, autor incluso de libros, entre los cuales se encuentra "Sol Nocturno" un poemario el cual ha sido analizado en forma interesante por Ricardo Ayllón, hace tres años, en el portal web de Chimbote en Linea (https://bit.ly/2EdiauN). En esta denuncia, Genova lo presenta como cualquier otro contacto que pidió una solicitud de amistad, la cual aceptó. De inmediato, Torres se dirige a ella con términos bastante confianzudos y prepotentes. Ella duda un poco de su desconfianza, hasta se cuestiona a sí misma por ser tan "exagerada" al querer bloquearlo en un primer momento, sin embargo, resultado de su intuición es esta denuncia que pueden ver haciendo click en la siguiente captura:)



Yo, como usuaria de facebook, tengo más de un perfil para diferentes usos, ninguno político. En TODOS los que me identifico como MUJER (incluso un avatar femenino de un juego masivo multijugador online) (lo sé, muy descabellado) me llegan mensajes parecidos a este. Uno de estos usuarios víctima de estos mensajes es el perfil personal - profesional que ustedes conocen, con el cual entablo contacto con todos quienes he conocido durante mi trabajo periodístico y mi vida personal, y agrego también a unos cuantos cuyos argumentos son interesantes para mí, gracias a ello, debo admitir, también he llegado a entablar amistades. Por ello, el mayor porcentaje de estos mensajes llegan a este perfil. Mi respuesta general frente a estos es la ignorancia, aunque algunas veces opte por fastidiar la paciencia, sobre todo si escriben mal.  Sin embargo, hace un par de semanas me sucedió un singular hecho con el autor de uno de estos mensajes al azar. Tal vez sus primeros mensajes no fueron tan sinvergüenzas como éste, sin embargo sus acciones posteriores me llevaron a defenderme de una manera muy "exagerada" para muchos, pero necesaria y fría para mí. 

Este contacto empezó a escribirme "hola" "podemos conversar" en inbox. Yo reconocí su perfil por algunos comentarios discrepantes, así que lo saludé una vez y luego lo ignoré, como suelo hacerlo casi siempre. Me olvidé de él completamente, hasta que una noche, durante mi trayecto al canal donde trabajo, obstruyó mi camino, se presentó y me pidió una oportunidad para entablar una "amistad". Me molestó el hecho de que, abruptamente, haya molestado mi camino y decida querer mi "amistad" sin siquiera conocerme, sin haber consultado de nuevo previamente por mensaje con respeto. Sin embargo, de la misma forma que Genova, me pregunté si no sería demasiado "exagerado" molestarme con él, decirle que fastidia mi camino y no darle ninguna oportunidad a réplica, pues no noté ningún signo de irrespeto hasta el momento, así que aguanté la bizarra situación y fui raudamente a mi obligación. Uno o dos días después, me escribe por inbox de nuevo, sin embargo esta vez noto unas intenciones más alla de las amicales, a solo unas horas de conocernos, hecho que me incomodó mucho. Lo ignoré y esperaba no verlo más, pero me equivoqué. A la siguiente noche, dirigiéndome sola a mi casa, obstruyó una segunda vez mi camino de manera prepotente, trató de invitarme y develó sus intenciones de "algo más". Tomé ese comportamiento como uno muy irrespetuoso y que raya el acoso, pues fue el mismo lugar el cual me abordó la primera noche(¿me estaría siguiendo?), así que le dije que esperaba a mi "enamorado" y de inmediato dramatizó cual novela mexicana, acción que me molestó mucho más. "Me rompiste el corazón", me dijo. "Pero si recién te conozco" pensé dentro de mí. Felizmente no llegó a tocarme ni mucho menos jalarme (si hubiera hecho eso, habría reaccionado de la peor manera, sino que cuente el acosador callejero que llegué a mandarlo tras las rejas por unas horas). Ya en casa, le di una sola oportunidad para que se alejara definitivamente de mí, diciéndole por inbox que su comportamiento fue inapropiado, que lo sentía muy molesto, que puedo pensar en un posible acoso y que no me dirigiera más la palabra. Lo bloqueé del messenger, y es de los pocos que conozco que hoy no tiene mi amistad en facebook. Al parecer, no entendió mucho mi mensaje, pues volvió a solicitar mi amistad una sola vez, la cual fue rechazada. Hace ya una semana de esto, y no he vuelto a saber de esta persona. No diré el nombre por ello, aunque ya tengo captura, fotos y enlace de su perfil guardados en caso sea necesario. No sé cuáles fueron sus intenciones, tal vez me haya equivocado al prejuzgarlo solo por estos comportamientos. Sin embargo, prefiero no dar chance a descubrir malas consecuencias, considerando el extraño e incómodo actuar que tuvo conmigo y, para ser sincera, no me arrepiento, incluso me enorgullezco de ser así, huraña, "amargada", "exagerada" o, en su definición más exacta, fría y autoprotectora.

Dejando el tema central de lado, yo, personalmente, puedo considerarme una persona totalmente ermitaña, huraña, "exagerada" elevado a la potencia de un millón, ya que odio que me toquen un solo pelo si no eres mi padre, mi madre, mis hermanos, mejores amigos o tíos cercanos o, en defecto, mi pareja. Prefiero un saludo respetuoso con el clásico roce de mejilla, o un apretón de manos a un profuso e incómodo abrazo. Necesito consentir explícitamente tu acercamiento para no sentirme extraña. Tanta es mi desconfianza que, si quieres saludarme en la calle, tienes que gritar mi nombre con todas sus letras completas ya que, de no hacerlo, podrías detonar una reacción iracunda en mí. No soporto de buena gana la aglomeración de gente, el roce personal, y por ello no me gustan las ciudades grandes, los trenes y los buses en horas punta, las procesiones, las marchas y protestas (hago todos mis esfuerzos por apoyar las causas en las que creo con firmeza), los conciertos o las discotecas, sobretodo si son muy cerradas, tanto así que, si te acompaño a unos de estos eventos, considérate muy importante para mí. De hecho, soy exageradamente ermitaña y casi invisible hasta en mi propia casa, y no necesariamente significa que no tenga ningún afecto hacia ti, puede ser y es incluso todo lo contrario. El 90% de mis amigos en facebook son familiares, conocidos en persona del trabajo, aunque sea una sola vez como entrevistado, compañeros de estudio o personas afines al activismo y al feminismo, el otro 9.99% pueden ser personas cuyos argumentos e intercambios de ideas dentro de los encendidos comentarios que suelo hacer en mi perfil personal me resultaron interesantes y, en un intento por escapar del sentimiento agrio que muy pocas veces me produce la dulce soledad, producto de mi obsesivo antigregarismo, el 0.01% de los contactos pueden ser de algún chat de aquellos que me obligo dolorosamente a utilizar, los que ya desinstalé de mi celular hace bastante lunas. Así que, si me conoces de algún lado y sabes que de algún modo te doy oportunidades para que cambies ciertas actitudes que tal vez puedan incomodarme, considera un poquito también este párrafo de mi autoría. O, en caso que tengas ciertas dudas, pregúntame y conversa conmigo si algo realmente me incomoda de ti.  

Volviendo de nuevo al eje de este escrito, esta desconfianza que el comportamiento machista de un buen porcentaje de hombres ha generado en nosotras es absolutamente NECESARIA, ya que estos comportamientos de acoso pueden provenir de las personas menos pensadas, como por ejemplo este poeta, declamador y persona respetada en el ámbito cultural chimbotano, muy cercano a escolares quien, contradictoriamente a su ambiente, ya ha tenido una denuncia por acoso, informado por El Diario de Chimbote (https://bit.ly/2rkFhLm), esto sin mencionar, además, de haber sido sindicado como terrorista por RPP (https://bit.ly/2zSmjkb) y documentado en el siguiente material audiovisual  (https://bit.ly/2EfYlD5). Estos comportamientos de acoso pueden venir del catedrático más respetado de una universidad privada, del amigo más cercano y del que más confías, o, en un caso muy personal y particular que describiré a continuación, dentro de un evento cuyos participantes eran, en su mayoría, colegas míos muy respetados, y cuyo motivo era la celebración de nuestro día, hace un par de años. Irónicamente, esta persona, que ni periodismo decente ejerce, se infiltró en este evento. Este hombre de unos 70 años, en medio de la pista de baile el cual disfrutaba acompañada de un colega, se acercó detrás de mí, me susurró improperios y siguió su camino como si nada pasara. Muy pocas personas saben quién es, entre ellas mi jefe de prensa y director de los programas en los que trabajo, quien tiene mi total, completa y paternal confianza y salió en mi defensa de inmediato. Sin embargo, tan poca cosa es este sujeto, no solo como periodista, sino también como ser humano, que ni siquiera me acuerdo hoy de su nombre, a pesar que en la calle lo reconozco cada vez que lo veo. Este momento fue tan incómodo para mí que tuve que pedir disculpas a una respetada periodista con la cual me comporté en forma errática al momento que este sujeto, bien fresco, decidió tomarnos una fotografía.  Tuve otro percance similar con él durante este año, el cual le increpé su comportamiento, pero no llegué a más puesto que no tenía batería para grabar su vergüenza. Como dice el dicho, la tercera será la vencida, con pruebas, videos y un escándalo tal que no se quitará la vergüenza en todo lo que le reste de vida. Así que, Genova, "exageración" no es la palabra correcta para describir este llamado innato a autoprotegernos en todos los ambientes y en todas las situaciones en las que nos encontremos. El término correcto es NECESIDAD, necesidad de ser prejuiciosas, precavidas y frías al momento de valorar a las personas que recién conocemos, pues nunca podremos saber quién podría ser el autor o la autora de nuestro improvisado entierro, tal vez dentro de una maleta o, quizás, dentro de un cilindro.

domingo, 14 de octubre de 2018

Paradoja entre arte y política

Yo no “voté” (o no aconsejé a mi familia que votaba en esta jurisdicción, a hacerlo por él) por Roberto Briceño Franco. De hecho, como periodista y como ciudadana de la provincia, puedo opinar que aún no confío en él debido a ciertos indicios de que las cosas podrían no marchar correctamente. Sin embargo, no puedo evitar no alegrarme por su elección por una única razón que espero el alcalde electo no la invisibilice o desdeñe, y espero que no se tergiverse él en este camino escabroso de la política. Esta razón es la inclusión del regidor John López Morales al pleno provincial del Santa. A mí nadie me pagó para escribir esto. De hecho, esperé que la primera vuelta termine para opinar un poco al respecto, aun así el hoy electo alcalde no haya ganado, ya que sería lo justo por las elecciones. Lo que yo contaré en esta oportunidad es lo que yo vi y viví. 


A John y Juan López Morales los conocí en el 2013 en Barranca. Entonces, yo era periodista de una radio local y de la página web Barranca.pe, en dicha provincia. Estos hermanos tenían una loca idea de difundir cultura en los cinco distritos barranqueños, los cuales no estaban acostumbrados a respirarla viva, callejera, aquella que nace desde los mismos corazones de la población, idea que ya habían materializado desde hace 6 años atrás. Un proyecto interesante el cual quise ayudar de inmediato. 

El 7mo festival Cielo Abierto 2013, en homenaje a José María Arguedas, se realizó con el apoyo de muchos amigos, colegas, gente que apostó por la cultura en Barranca y poetas visitantes de muchos lugares, principalmente chimbotanos. En ese entonces, no necesitamos de los gobiernos nada más que para gestionar los permisos respectivos, y cuyos alcaldes apostaron por este proyecto. Se realizó en los 5 distritos de la provincia de Barranca, con actividades descentralizadas e interesantes: desde lectura de poesía en La Estación de Barranca, hecho que pude ayudar a gestionar y que me permitió conocer entonces a Augusto Rubio, Ricardo Ayllón y Viscely Zarzosa, entre otros, hasta la presentación del renombrado poeta Arturo Corcuera,  pasando por un vibrante concierto del grupo de rock La Sarita en el distrito de Supe, y mucho más que incluyó también visitas turísticas a la fortaleza de Paramonga y lectura en sitios arqueológicos. Fue un grato recuerdo que me llevé de Barranca hasta hoy. Se hizo el 8vo, en homenaje a Fernando de Szyzlo y el 9no, en homenaje a la artista supana Tilsa Tsuchiya, los cuales ya no pude participar pues ya me encontraba trabajando en el puerto chimbotano. Aún hoy existen varios eventos que se realizan en Barranca con el sello de Cielo Abierto. 

Por todo esto, me pareció una mínima luz al final del oscuro túnel ver a John López en la política de Chimbote; oscuro túnel, sobre todo, por en el partido al cual apoyó. Artes a la Obra fue un mínimo esbozo de lo que se puede hacer en Chimbote con respecto a cultura. A pesar del nombre, fueron interesantes las actividades que realizó, entre ellas el conversatorio de cómic realizado por Richard Ibarra, entre otros, y acompañado del armonioso teclado de Pablo Honores. Keiko Fujimori dirigió un pronunciamiento ayer en el que escribió una frase muy cierta “Lamento que la política haya hecho daño a mi familia”. La política muchas veces daña familias, voluntades, buenas intenciones iniciales y toda esperanza en los pobladores que apostaron su voto a un cambio. 

Esta opinión tiene muchos apuntes de esperanza: Espero realmente que la política no dañe las primeras intenciones ya mostradas en esta campaña y que brindan todo el oxígeno del Cielo Abierto que respiré en el 2013. Espero realmente que Roberto Briceño escuche, apueste y difunda esta cultura que ahora se puede desarrollar mucho más y con más empuje en todos los distritos de la provincia del Santa, pues ya existen esfuerzos casi individuales que se sostienen únicamente por la voluntad de quienes siguen adelante, como Culturifest y Cinequanom, por nombrar dos de tantos elogiables ejemplos. Espero realmente que Roberto Briceño no vaya por el camino en el que tropezó su ex homólogo barranqueño, Elgar Marreros Saucedo (hoy prófugo de la justicia por delitos contra la administración pública), sendero que ambos hermanos apoyaron, con extraño y desaprobable fervor, su candidatura provincial en Barranca por APP en el 2014, con promesas hacia la juventud, la cultura y el turismo, e inició con ciertos indicios de que cumpliría cuando Juan López, su hermano, asumió la coordinación de cultura de la Municipalidad Provincial de Barranca, en la cual realizó una buena gestión difundiendo cultura (la única estrellita del período marrerista), y terminó de la peor manera cuando López se opuso frente a los malos manejos administrativos realizados por “La Nadine de Barranca”, a lo que la gestión respondió quitándole presupuesto a esa cartera, poniéndole muchos baches a la gestión cultural, tanto así que en los siguientes años no se realizaron festivales importantes y, finalmente, defenestrándolo a inicios de 2018. 

Desde mi posición de periodista, solo me queda esperar, estar atenta a la gestión de los electos regidor y alcalde, reconocer y difundir con satisfacción los buenos hechos de difusión cultural en Chimbote y, de la misma manera, fiscalizar los malos manejos y la corrupción que pudiera ocurrir utilizando el nombre de la cultura. Y, desde mi posición de ciudadana y activista, hacer lo que siempre me ha gustado: ayudar y colaborar en las cosas buenas que se puedan desarrollar en la ciudad donde radico, siempre cuando se camine correcto, sin aspiraciones a nada político, como feminista, animalista (en lo que se pueda) y activista cultural (quiero aprender más de ello). Espero, con cierta fe, que la historia barranqueña no se repita y realmente se escriba un nuevo impulso cultural para la provincia del Santa y sea un ejemplo para el norte peruano.


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viernes, 31 de agosto de 2018

Para pocos. Definiciones y malos entendidos.


Regresaba de Nuevo Chimbote, pues prosigo con la organización de la capacitación “Periodismo que llega sin Violencia”, para darme tiempo a trabajar en mi labor reporteril, cuando me entero – y no por Cesar Quino o una fuente oficial – que la candidata a la alcaldía provincial del Santa Norma Alencastre estaba realizando una conferencia de prensa, (subrayemos “conferencia”) por lo cual me acerco a dicha oficina y me encuentro con una surreal situación: Edwin Azaña, periodista de Radio RSD, estaba entrevistando a Manuel Sarango, periodista de RPP, mientras Gonzalo Horna, periodista de Correo me conmina a preguntar por una “lista”. Me quedé parada por unos minutos dudando si aquello era una pesada broma. Pero no,  resulta que la dichosa lista era real y que más de 10 periodistas quedamos afuera sin poder entrar a la conferencia.

Quedamos afuera, pues mi nombre no estaba en esa lista, por consiguiente, no me dejaron entrar. Sin embargo, mi jefe César Quino sí llegó a estar y sí pudo entrar, cosa que yo no sabía en el momento que dos periodistas me entrevistaron a mí. Recién llego a conocer esto 15 minutos después, cuando el mismo Quino me comunica que sí está adentro. Él y Natalia Ortiz intentaron preguntarle sobre el tema, sin éxito de una respuesta satisfactoria.

Escribo esto, sobre todo para quienes han escuchado la transmisión del programa “La Voz del Pueblo” de hoy, en el cual César Quino se mostró bastante incómodo y tocado por dos términos que los periodistas llegaron a decir, tal vez sin ánimos de tocarlo directamente a él, sin embargo pesa como plomo al saber sobre todo los integrantes de esa lista, excepto los dos mencionados en mi párrafo anterior: “privilegiados” y “sinvergüenzas”, dos palabras que también subrayaremos aquí. Cabe mencionar que Manuel Sarango llamó y salió en vivo a aclarar la intención de sus declaraciones en RSD, lo cual creo cayó bien en él, el cual no tocaría a Quino. Para quienes no lo escucharon, tal vez vuelva a repetirlo hoy a las 10pm en Sin Rodeos.

Debo ser sincera: sí me sentí indispuesta al saber que, como periodista, no podría entrar a una conferencia de prensa, muy aparte que mi propio jefe también estaría en la misma, ya que a veces sucede que nos encontramos en un mismo hecho y yo puedo retirarme a buscar otras notas, cosa que no sucedió aquí. “Privilegiados” Tal vez  quienes estuvimos afuera sentimos que existía cierto privilegio a criterio de Norma Alencastre para quienes no nos encargamos de publicidad, sin embargo, arrastró como ola a los dos periodistas quienes conocemos su carrera profesional, siempre en contra de la corrupción. “…los sinvergüenzas que se dicen periodistas…” reza uno de los textos de un post en Facebook de Reynaldo Manrique, periodista también que hace poco se desempeñaba en RSD, otra palabra un poco desafortunada, considerando a los dos periodistas que sí preguntaron por los de afuera e insistieron. Sé que de él no es la intención de llamar a ninguno de los dos en forma personal con esos términos, puesto que incluso han compartido calle con Ortiz y conmigo, vale decir, pero de todas maneras esos significados han pesado. Dejaré a criterio de los involucrados el desenlace de tal malentendido, pues comprendo a César Quino y comprendo también a Manrique.

Otra palabra que he subrayado en el primer párrafo es “conferencia”. Se supone que una conferencia se llama no solamente para presentar y quedarse mudos para beneplácito de quien organizó la conferencia, se supone que una conferencia de prensa significa que TODA LA PRENSA, (empíricos y académicos, concesionarios y contratados, de todos los medios de comunicación existentes) puede asistir y preguntarle LO QUE QUIERAN y que se considere de interés público. Pero estos supuestos obvios a un asesor de prensa no le pareció, tal vez por la fobia que pudo haber originado en la candidata o sus asesores la pasada experiencia (“en unos meses me prepararé”), o porque tal vez reconocen que los candidatos pueden no ser correctamente elocuentes y prefieren “evitar daños”. Sin embargo, se debe recordar a todos los asesores de prensa que este actuar discriminatorio NO ES LA FORMA, pues crea suspicacias que un candidato NO NECESITA. Está demás decir que este incidente perjudica enormemente a la imagen de la candidata y nos da motivos para pensar en un miedo a responder a los naturales cuestionamientos de toda la prensa. Lección que deberían aprender quienes trabajan como asesores de prensa en diversas instituciones o para todos los candidatos.


jueves, 29 de junio de 2017

Junio

Junio es, para mí, un mes bastante difícil. Este mes significa lidiar con fechas personales bastante importantes en mi vida. A eso, debo sumar que no celebro ninguna fiesta con estruendosa bulla. (cohetones, música estridente, en un espacio con una densidad importante de población - apenas soporto las discotecas repletas - ) Ni siquiera en navidad o año nuevo, en mi hogar, suelo escuchar estruendos a menos de 20 metros de mi casa y a menos de 2 pisos de altura, prefiero una cena y brindis pequeño con las personas que amo, o reunión con música de nuestro agrado con pocas personas a mi alrededor, con las que yo he elegido disfrutar. Es por ello que, quienes me conocen, saben que si voy a lugares con mucha aglomeración de gente y música a altos decibeles muy cerca de mí, significa que la persona que me invitó me importa mucho.

Junio es, desde que llegué a Chimbote, un mes bastante complicado, ya que prefiero pasar estos 30 días con el menor esfuerzo físico y mental posible (sólo lo suficiente para un buen trabajo) y con el mayor silencio y soledad que se me pueda otorgar. Sin embargo, desde el principio, en el sur hasta el final de estos días, este mes significa caos, luz, color, aglomeración, fiesta, música, jolgorio, conciertos, ferias, más aglomeración, una celebración que parece no acabar y que fácilmente se confunde con la algarabía del año nuevo, cosas que no pasaban en Barranca. Cuatro años han pasado desde que pisé suelo chimbotano y aún me es muy difícil integrarme a este tipo de fiesta patronal.

Una fría mañana de un día como este decidí caminar en las playas con el motivo de recordar al protagonista de una de estas fechas importantes, sin pensar en el gélido clima de estar a 0 metros sobre el nivel del mar de Barranca. Partí desde Chorrillos, recorrí Miraflores y empecé a caminar por Puerto Chico, cuando vi a fieles pescadores del pequeño puerto de chalanas llevar a San Pedro hacia una vieja chalana, mientras oraban y cantaban alabanzas, con una modesta banda haciéndoles compañía. Los dueños de los restaurantes aledaños también salieron a reverenciar, mientras conducían el altar hacia una embarcación pescadora a navegar unos metros en el mar. El acto no tuvo un buque, no fue acompañado por ninguna autoridad, ni siquiera una sola distrital, ni obispo, nadie lo transmitió en vivo, no se invitó a periodistas ni invitados de lujo, nadie se tomó selfies ni lejos, ni cerca del anda. Solo eran los pescadores y moradores, una vieja lancha, el padre de la iglesia cercana, cánticos y oraciones de fe, el frío gélido acostumbrado de esas playas y yo, con mis pensamientos particulares de esta fecha. Esa fue la única vez que presencié a San Pedrito navegar por el mar, una de las pocas celebraciones de San Pedro que puedo analogar a estos días personales, justamente por el ambiente íntimo que se vive en su particular celebración, y una de las pocas veces en las que puedo recordar que he sentido fe.

Tal vez, por todo ello, me resulta un poco impactante la forma cómo celebran aquí en Chimbote, en las cuales, a pesar de toda la algarabía y las actividades, siento y veo que se ha perdido un poco esa fe que encontré en Puerto Chico. Por eso, también, no me llama mucho la atención toda la travesía de esta fecha en Chimbote, a la cual una sola vez vi de lejos y nunca he subido a ningún buque, pues coincidentemente en mis trabajos siempre han respetado este feriado. Por eso, también, creo que merecen una disculpa de mi parte, pues aún no logro aprender la importancia de tanta fiesta patronal en las que pareciera que lo que menos importa es el santo patrón, durante unos días en los cuales yo busco soledad y silencio absolutos. Tal vez, el protagonista de esta fecha personal, que hoy duerme aquí en esta ciudad, quiere romper en mí el silencio que yo me impuse, pues tal vez quiere que yo también esté tan alegre como la ciudad a la que él me ha traído, justo este día. Creo que también merece una disculpa este protagonista, pues yo aún no he obedecido.  
Créditos: José Cavalier